Mermelada de membrillo: de mi finca al bote
En casa no compramos los membrillos; los recolectamos nosotros mismos. Cada otoño, cuando la fruta está en su punto en nuestra finca, toca ponerse manos a la obra para preparar la despensa. Esta mermelada de membrillo es el resultado de esa cosecha; una receta sin misterios, pero con el sabor de lo auténtico.
Para muchos, este dulce era la merienda fija al volver del colegio. Nada de bollería industrial; un buen trozo de pan con membrillo era lo que tocaba. Hoy me sigue pareciendo un lujo, especialmente si lo acompañas con un poco de queso. El contraste entre el dulce y el toque salado (ya sea un queso fresco o uno curado) es, sencillamente, imbatible.









