Ponemos el horno a calentar a unos 180º C.
Aplicamos mantequilla por todo el molde y un poco de harina para que no se nos pegue la masa.
La ponemos en el molde, enrollamos las zonas del borde que sobresalgan. Podéis poner unos garbanzos encima de la masa y pincharla para que no suba.
Va al horno durante unos 15 minutos arriba y abajo.
A continuación haremos la crema pastelera. Es más fácil de lo que parece.
Ponemos la leche (reservamos un poco) a cocer con la rama de canela o la vainilla hasta que empiece a hervir.
En un cuenco mezclamos el azúcar y la harina de maíz. Vertemos la leche reservada anteriormente y movemos. Vamos agregando las yemas y el huevo y batimos hasta que nos quede una masa.
Retiramos la canela de la leche y le incorporamos el azúcar y la harina de maíz y la leche fría. Lo mezclamos bien y vertemos esta mezcla en el cazo. Cocemos y no dejamos de remover hasta que espese y quede como unas natillas. Podemos pasarle la batidora con las barillas.
Dejamos templar. Mientras cortamos la manzana en láminas del mismo tamaño. Rociamos las manzanas con el zumo de un limón para que no se oxiden.
Yo meto las rodajas en el micro durante unos 3 minutos para que queden más blanditas.
Cuando la masa esté un poco templada le echamos la crema pastelera y decoramos con la manzana.
La introducimos en el horno a 180º unos 20 minutos (a mí me gusta doradita y voy mirando por la ventanita).
Cuando esté lista la sacamos y decoramos con mermelada de melocotón, si es casera genial.